
7 mitos sobre los sofocos que todavía nos creemos (y qué dice la ciencia)
Seguro que lo has oído alguna vez: «eso son los nervios», «ya se te pasará en unos meses», «es lo que toca». Sobre los sofocos de la menopausia circulan muchas ideas que se repiten de boca en boca, y no todas son ciertas. Algunas incluso hacen que muchas mujeres aguanten en silencio algo que podrían manejar mejor.
Hemos revisado qué dicen los especialistas y los estudios sobre los siete mitos más habituales. Vamos a ello.
Mito 1: «Los sofocos solo aparecen cuando ya no tienes la regla»
Falso. Los sofocos pueden empezar en la perimenopausia, la etapa previa a la menopausia, cuando las hormonas ya fluctúan pero todavía tienes la menstruación, aunque sea irregular. La menopausia se confirma cuando pasan 12 meses seguidos sin regla, pero los primeros calores suelen llegar bastante antes.
Por eso, si estás en tus cuarenta y notas oleadas de calor repentinas, sudores nocturnos o un sueño más ligero, no es raro ni «demasiado pronto».
Mito 2: «Duran unos meses y luego desaparecen»
Falso, o al menos incompleto. Los estudios sitúan la duración media de los sofocos en torno a los 7 años, y alrededor de una de cada cinco mujeres los tiene durante más de cinco años. En algunas mujeres duran menos y en otras más; suelen prolongarse más cuando empiezan ya en la perimenopausia.
Saberlo no es para desanimarte, sino para que no te sorprenda y entiendas que merece la pena construir hábitos que te ayuden a largo plazo, en lugar de esperar a que «se pase solo».
Mito 3: «Son cosas de los nervios»
Falso. Un sofoco es un fenómeno fisiológico. Los estrógenos influyen en el centro que regula la temperatura corporal, situado en el hipotálamo. Cuando sus niveles cambian, el cuerpo reacciona de forma exagerada ante pequeñas subidas de temperatura: dilata los vasos sanguíneos y activa la sudoración.
Lo que sí es cierto es que el estrés puede desencadenar o intensificar los episodios. Pero una cosa es que lo empeore y otra muy distinta que sea su causa. No es una cuestión de fuerza de voluntad ni de carácter.
Mito 4: «A todas las mujeres les pasa igual»
Falso. Entre el 75 % y el 80 % de las mujeres experimentan sofocos en algún momento, pero la intensidad es muy distinta. Hay quien apenas los nota y quien llega a tener decenas al día, con un impacto serio en el sueño, el trabajo y el ánimo.
Por eso comparar tu experiencia con la de tu hermana o tu vecina no sirve de mucho: tu caso es el tuyo, y lo que te funciona a ti puede no funcionarle a otra.
Mito 5: «Si me da calor de golpe, es la menopausia»
No necesariamente. La menopausia es la causa más común de los sofocos, pero no la única. Otras situaciones pueden provocar calores repentinos: algunos medicamentos, determinados tratamientos médicos, ciertas alteraciones de la tiroides o simplemente el alcohol, el picante o las bebidas muy calientes.
Si los sofocos aparecen de forma muy brusca, a una edad temprana o junto a otros síntomas que te preocupan (pérdida de peso sin motivo, palpitaciones intensas, sudoración excesiva sin calor), consúltalo con tu médico para descartar otras causas.
Mito 6: «La soja y los remedios naturales eliminan los sofocos»
La realidad es más matizada. Los fitoestrógenos, sustancias de origen vegetal presentes en la soja y otras plantas, se han estudiado mucho como alternativa natural. Una revisión de la colaboración Cochrane que analizó 43 ensayos con más de 4.000 mujeres concluyó que no hay pruebas definitivas de que los suplementos de fitoestrógenos reduzcan de forma efectiva la frecuencia o la gravedad de los sofocos. Algunos ensayos sí observaron una reducción leve, pero muchos eran pequeños, de corta duración y de calidad limitada.
Eso no significa que nunca ayuden a nadie: la respuesta individual varía y la investigación sigue en marcha. Lo honesto es decir que no son una solución mágica ni funcionan igual en todas las mujeres, y que conviene tratarlos como un posible apoyo, no como un sustituto de los hábitos saludables ni de la opinión de tu médico. Si te interesa un complemento alimenticio, consulta antes con tu médico o farmacéutico, sobre todo si tomas medicación o tienes antecedentes médicos relevantes.
Mito 7: «No hay nada que hacer, solo aguantar»
Falso. Hay bastante que puedes hacer, y no tienes por qué conformarte:
- Hábitos: identificar tus desencadenantes (alcohol, cafeína, picante, estrés), vestir por capas, mantener fresco el dormitorio, hacer ejercicio con regularidad y cuidar el sueño.
- Apoyo médico: si los sofocos afectan a tu vida diaria, existen opciones médicas. De hecho, la terapia hormonal se considera, en la literatura médica, el tratamiento más eficaz para los sofocos intensos, aunque no es adecuada para todas las mujeres y la decisión debe tomarse con tu médico o ginecólogo, valorando tu caso y tus antecedentes.
- Complementos y remedios naturales: pueden ser un apoyo para algunas mujeres, siempre sabiendo lo que se sabe y lo que no se sabe de ellos.
El mensaje de fondo: que sea frecuente no significa que haya que sufrirlo en silencio.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos años duran los sofocos?
La media se sitúa en torno a los 7 años, pero varía mucho de una mujer a otra.
¿Los sofocos son peligrosos?
En sí mismos no suelen serlo, pero pueden afectar mucho al descanso y a la calidad de vida. Si son muy intensos o aparecen con otros síntomas, conviene consultar.
¿Puedo tener sofocos antes de la menopausia?
Sí. En la perimenopausia los cambios hormonales ya pueden provocarlos.
¿Son lo mismo los sofocos y los sudores nocturnos?
Son el mismo fenómeno. Se habla de sudores nocturnos cuando ocurren mientras duermes.
En resumen
Los sofocos son frecuentes, pueden durar años y no dependen de la fuerza de voluntad. Informarte bien es el primer paso para elegir qué te conviene, hablar con tu médico y dejar de sentirte sola con ello.
Si quieres seguir leyendo, descubre nuestro artículo sobre causas, duración y hábitos para sobrellevar los sofocos o conoce más sobre Perlavida® SOFOCOS. Recuerda que los complementos alimenticios no sustituyen una dieta variada ni un estilo de vida saludable.